4 ideas para combatir la ansiedad

Los ejercicios de respiración, la música relajante o un baño de burbujas pueden ser a veces suficientes para calmar nuestra ansiedad. Pero a veces, aunque la ansiedad se reduzca en ese momento, puede volverse más intensa después de un tiempo. Es un poco como poner troncos en el fuego: al principio los troncos apagan el fuego. Pero entonces generan un nuevo brote más intenso, mientras que nosotros, obviamente, pretendíamos lo contrario.
En este caso, ¿qué podemos hacer para calmar estos brotes de ansiedad?

1 – ¡No luches contra tu ansiedad!

Puede parecer paradójico, pero cuanto más intentemos combatir nuestra ansiedad, más aumentará. Pero, ¿qué es la ansiedad? La ansiedad es una reacción física y mental normal a nuestra percepción del miedo. Y el miedo, como cualquier emoción, es muy útil. Es como un ángel de la guarda que nos alerta del peligro para protegernos. Cuando el miedo llega, tiene una buena razón para estar ahí. Aunque no siempre entendamos por qué. Tiene algo que decirnos. Si le cerramos la puerta en las narices, puede empezar a tamborilear con más fuerza. Y más a menudo. Es posible que no nos suelte hasta que le hagamos caso.

¿Y qué hacemos?

Podemos abrir la puerta de par en par y acogerla como una buena amiga en lugar de tratarla como una enemiga. Imagina que tomas un “té con tu ansiedad”, ¿qué podría pasar? Si engatusas a tu miedo, se vuelve más tranquilo, más discreto.
En lugar de evitarlo, lo que sólo lo hace más grande, podemos enfrentarnos a nuestro miedo directamente a los ojos, dejando a un lado nuestra razón: ¿qué es lo que tanto tememos? ¿Qué podría salir mal? Porque finalmente, cuando tocamos a nuestros fantasmas con el dedo, no tienen motivos para perseguirnos.

2 – Llevar un cuaderno para combatir la ansiedad

Si la ansiedad invade nuestra vida de forma recurrente, puede ser interesante llevar un libro de observaciones. Esto se puede utilizar para registrar cada vez que se produce la ansiedad, idealmente cuando está en su nivel más alto. ¿Cuándo se produce? ¿Con qué frecuencia ocurre? ¿En qué contexto? ¿Cuáles son nuestros pensamientos, nuestras cavilaciones? ¿Qué ocurre en nuestro cuerpo? ¿Cómo evoluciona su intensidad? ¿Cómo termina? ¿Cuáles son nuestros intentos infructuosos de regular esta ansiedad? ¿Qué hacemos que no funciona, o que incluso empeora el problema?

Observar cómo funciona nuestra ansiedad, en lugar de temerla, intentar huir de ella o tratar de controlarla, es un nuevo y valiente paso para domarla.

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